¿Qué son las convulsiones febriles?
Las convulsiones febriles son episodios similares a un ataque epiléptico que suceden entre los 6 meses de vida y los 4-6 años de edad en niños predispuestos genéticamente. Coinciden con momentos en los que el niño tiene fiebre, generalmente elevada.
En general es frecuente que haya antecedentes familiares: si preguntamos a los padres, posiblemente nos dirán que otros niños en la familia tienen o han tenido convulsiones febriles en la edad descrita.
Diagnóstico diferencial
Cuando los médicos hablamos de diagnóstico diferencial, hacemos referencia a la pregunta siguiente: ¿hay otras enfermedades que puedan dar síntomas parecidos? El diagnóstico diferencial nos obliga a pensar en otras patologías y así no equivocarnos y evitar errores: el diagnóstico diferencial es una forma de pensar en todas las posibilidades y descartar aquellas que no sean las causantes del problema. En cualquier caso, el diagnóstico de una primera convulsión febril suele ser sencillo.
En concreto, cuando tenemos un niño en quien sospechamos una convulsión febril debemos considerar los siguientes diagnósticos alternativos:
- Trastornos hidroelectrolíticos: determinadas alteraciones de sodio, potasio, calcio, azúcar, magnesio...en la sangre pueden causar convulsiones en niños pequeños. La causa más frecuente en la infancia son la diarrea y/o vómitos que causan deshidratación, y las alteraciones mencionadas.
- Infecciones del sistema nervioso central: la meningitis puede causar convulsiones, por lo cual siempre que haya una convulsión febril, sobre todo si se trata de la primera convulsión, debemos asegurarnos que el niño NO tiene ningún síntoma de meningitis (vómitos, rigidez de nuca, dolor de cabeza, etc.). Si hubiera dudas, en los Servicios de Urgencia Hospitalarios se suelen realizar pruebas complementarias, incluso una punción lumbar en caso necesario.
- Epilepsias: en niños pequeños también pueden existir determinadas formas de epilepsia que den síntomas muy similares a las convulsiones febriles. Las epilepsias suelen producir alteraciones del electroencefalograma, y en cambio, en los niños con convulsiones febriles el electroencefalograma suele salir normal. Otra diferencia es que en las epilepsias los niños tienen convulsiones con frecuencia cuando tienen fiebre, pero también las pueden sufrir con temperatura corporal normal.
- Trastornos paroxísticos no convulsivos: un espasmo del sollozo, por ejemplo (se comenta en otro apartado de la web) puede, si es muy prolongado, ocasionar una falta de oxígeno en el cerebro y producir una convulsión.
Síntomas de las convulsiones febriles
La convulsión febril en su primer episodio produce mucha ansiedad en los padres, que refieren siempre que "pensaban que el niño se moría".
Se dan en un niño que presenta fiebre, y muchas veces acompañando a la primera subida de ésta. Los pacientes suelen presentar lo que los médicos llamamos "movimientos tónico-clónicos" de extremidades: son una especie de espasmos de los brazos y piernas del niño. A veces las convulsiones pueden ser "atónicas" y caracterizarse por una pérdida del tono muscular con ausencia de movimientos mientras dura la convulsión. Se puede acompañar de una coloración azulada alrededor de la boca (cianosis perioral), y tras una duración que puede llegar a ser de algunos minutos (excepcionalmente media hora o más), el niño suele tener una pérdida de la conciencia que semeja el sueño (que los médicos llamamos "sopor post-ictal" o "sopor post-crítico").
A veces puede haber vómitos durante la convulsión; por lo demás, el niño presentará también los síntomas de la enfermedad causante de la fiebre, ya sea una otitis, una amigdalitis, bronquitis, etc.
Tratamiento
El tratamiento de la convulsión febril en Urgencias incluye varias medidas:
- Medidas de soporte: asegurar que el niño puede respirar bien. Para ello en ocasiones se introduce una cánula de GUEDEL que impide que la lengua caiga hacia atrás ocluyendo la vía aérea. Puede ser necesario administrar oxígeno, ya que la respiración durante la convulsión puede ser inadecuada y no lograr transportar a la sangre una suficiente cantidad de oxígeno.
- Medicamentos: en una primera convulsión febril se suele poner un suero al niño para obtener muestras de sangre, y, si es necesario, para administrar medicamentos que detengan la convulsión (benzodiacepinas como diazepam, midazolam, etc). Se dan también antitérmicos por vía rectal o intravenosa para descender la fiebre.
- Información: Una vez superado el momento agudo de la convulsión, y cuando ya tenemos claro que se trata de una convulsión febril, se debe hablar con los padres para tranquilizarles explicándoles la naturaleza benigna del problema, ya que una primera convulsión febril es un acontecimiento que asusta muchísimo a la familia.
Además, una vez superada la convulsión febril se debe también dar tratamiento para la enfermedad que causa la fiebre del niño (otitis media, amigdalitis, bronquitis, etc)
Está demostrada la utilidad del diazepam rectal a una dosis de 0,3 mg/kg de peso en caso de fiebre elevada para reducir el riesgo de que aparezcan nuevos episodios de convulsiones febriles.
¿Tienen algo que ver con epilepsia?
Esta pregunta es muy frecuente y hay que tranquilizar a la familia a este respecto: en general, las convulsiones febriles NO TIENEN RELACION CON LA EPILEPSIA. Si se toman series amplias de niños, el porcentaje de niños con epilepsia a la larga es el mismo en el grupo de niños que han tenido convulsiones febriles si se compara con la población general.
En cualquier caso, los neurólogos infantiles suelen realizar un electroencefalograma que, si tiene resultados normales, nos ayuda aún más para asegurarnos de que el niño tiene solamente convulsiones febriles de naturaleza benigna.
Pronóstico
Las convulsiones febriles tienen buen pronóstico. Una tercera parte de los pacientes no tiene ninguna otra convulsión. El resto pueden tener nuevas convulsiones cuando tengan cuadros febriles hasta alcanzar los 4-5 años de vida, edad en los que los niños dejan de tener esas convulsiones cuando tienen fiebre.
En cuanto al desarrollo psicomotor, hay que decir que el niño con convulsiones febriles típicas en general presenta un desarrollo psicomotor completamente normal, sin ninguna clase de retraso.
¿Hay riesgo de que se repitan?
Las convulsiones febriles pueden reaparecer cada vez que el niño tenga fiebre, hasta que éste tenga 4-6 años. De ello se deduce una consecuencia fundamental: CADA VEZ QUE EL NIÑO TENGA FIEBRE tendremos que hacer dos cosas:
- Darle antitérmicos (paracetamol y/o ibuprofeno), quizá a dosis algo más elevadas de lo habitual (su pediatra les dirá qué dosis y a qué intervalos se deben emplear), porque cuanta menos fiebre tenga el niño y cuanto menos tiempo tenga fiebre, menos serán las posibilidades de que sufra una convulsión
- Llevar al niño a su médico para determinar cuál es la causa de la fiebre, y proceder de ese modo a un tratamiento que acorte la duración del cuadro febril. Si el niño tiene otitis o amigdalitis... si se trata adecuadamente ese problema la fiebre le durará menos, y con ello, disminuiremos el riesgo de una nueva convulsión febril.
En aproximadamente 1/3 parte de los niños las convulsiones febriles no se repiten. En otros, en cambio, se pueden volver a producir hasta que alcanzan los 4-6 años de vida, edad en la que desaparece el riesgo de convulsiones cuando el niño tiene fiebre.
¿Existen tratamientos preventivos?
Existen tratamientos preventivos que se pueden administrar a los niños que sufren convulsiones febriles, para conseguir que la frecuencia de las convulsiones disminuya y para que los episodios sean de menor duración.
En general, estos tratamientos (ácido valproico, fenobarbital, etc) NO SE ADMINISTRAN en una primera convulsión. Se han empleado durante largo tiempo, pero sólo en niños que tengan una frecuencia elevada de convulsiones ya que el tratamiento puede tener algunos inconvenientes: se deben administrar durante un periodo de tiempo largo (años), en ocasiones pueden tener algunos efectos secundarios (toxicidad hepática del ácido valproico, etc), y pueden producir a veces un leve retraso psicomotor. Por ello en niños que tienen pocas convulsiones febriles, dada la naturaleza completamente benigna de éstas, se optaba por no tratar, reservando los medicamentos para aquellos casos de convulsiones febriles frecuentes, de duración prolongada, etc. Pero cabe indicar que la tendencia actual es a NO ADMINISTRAR tratamientos preventivos, dado que las convulsiones febriles son benignas y por ello se considera mayor el riesgo de dar una medicación a largo plazo que el escaso beneficio de su administración.
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