Obesidad infantil

Obesidad infantil

Introducción

La obesidad en niños y adolescentes es desde hace años una epidemia creciente en los países desarrollados. Se calcula que el 26 por ciento de la población española de 2 a 24 años tiene sobrepeso y el tramo de edad más afectado es el comprendido entre los 6 y los 12 años (16 por ciento). En 20 años la cifra de niños y jóvenes con sobrepeso se ha triplicado. España se sitúa a la cabeza del ranking junto a países como Italia, Grecia o Malta.

Los malos hábitos alimenticios están detrás de las cifras. Los niños consumen grasas saturadas y azúcares en exceso. El 8 por ciento de los niños españoles van al colegio sin desayunar y se pasan la mañana picoteando bollos, bocadillos, pasteles y en general productos muy calóricos, con el resultado de que a la hora de comer no tienen hambre.

Otro factor importante es la inactividad y en particular la costumbre de ver la televisión -los niños españoles pasan un promedio de 2,30 horas diarias frente al televisor-, jugar a los videojuegos y navegar en internet en detrimento de los paseos y los juegos al aire libre.

La educación nutricional ejercida por la familia y apoyada por la escuela es fundamental. Los hábitos alimenticios se inician a los 3-4 años, se establecen a partir de los 11 y en la adolescencia son ya muy difíciles de cambiar. Los padres somos por tanto los primeros que debemos concienciarnos sobre la importancia de proporcionar una nutrición correcta a nuestros hijos.

¿Qué es la obesidad?

La obesidad consiste en un exceso de grasa corporal. Se suele cuantificar utilizando medidas como el Índice de Masa Corporal (IMC) referido a cada sexo. El IMC es el resultado de dividir el peso en kilos entre el cuadrado de la estatura en metros: P/T2.

Dado que en la infancia la cantidad de grasa cambia con la edad y el sexo, deben utilizarse tablas de IMC. De este modo, se dice que existe sobrepeso si el IMC supera el percentil 85 y obesidad si supera el percentil 95 para cada edad y sexo, respectivamente.

Causas de la obesidad infantil

Las enfermedades genéticas y endocrinas representan el 1 por ciento de los casos de obesidad infantil. El 99 por ciento restante son casos de obesidad nutricional, en la que influyen factores genéticos y ambientales.

Respecto a los factores genéticos, en algunos casos de obesidad de comienzo precoz se ha identificado una deficiencia congénita de leptina o de sus receptores.

En relación a la influencia ambiental, se ha observado una relación entre el peso al nacer y la obesidad. Pero los factores más importantes parecen ser los dietéticos y los relacionados con el gasto energético (poca actividad física). En niños y adolescentes, el factor que determina en mayor medida la aparición de obesidad es el sedentarismo.

Exploración física del niño obeso

Los dos parámetros más importantes en la exploración física del niño obeso son la estatura y la edad ósea. Cuando las causas de la obesidad son ambientales, lo que sucede en la inmensa mayoría de los casos, los niños suelen ser más bien altos y la maduración de sus huesos es acelerada.

En estos niños la grasa corporal se concentra en el tronco en un tercio de los casos. La piel del abdomen, el tórax y las caderas tiene estrías y aparece rosada o blanca. Una técnica muy utilizada es la medición de los pliegues cutáneos.

Es siempre importante la determinación de la tensión arterial, ya que una proporción significativa de niños con sobrepeso pueden presentar tensiones arteriales altas para su edad.

Tratamiento

El tratamiento de la obesidad infantil se dirige a bajar el peso y la masa grasa asegurando al mismo tiempo un crecimiento normal. Hay que mantener un peso adecuado o saludable, para lo cual es necesario modificar la conducta alimentaria y la actividad física.

Los cambios de conducta deben tener lugar en toda la familia, no sólo en el niño. Los tratamientos con más éxito incluyen por tanto dietas bajas en calorías, educación en nutrición, modificación de conducta y actividad física.

- Dieta. En niños, pocas veces harán falta grandes restricciones calóricas. En caso de obesidad moderada bastará una restricción leve del aporte calórico. Hay que mantener la adecuada relación de nutrientes: 25-30 por ciento de grasas, 50-55 por ciento de hidratos de carbono y 15-20 por ciento de proteínas. Se realizarán 5 ó 6 comidas y es necesario beber mucha agua. Esta dieta no afecta al crecimiento y con ella se puede perder, según la reducción de calorías y el ejercicio físico que el niño realice, alrededor de hasta medio kilo a la semana, aunque en general ello sólo es aconsejable en casos de obesidad severa.

En niños muy obesos se utilizan dietas muy bajas en calorías (600-900 kilocalorías al día) si se controlan adecuadamente. En estos casos se hace necesario vigilar el crecimiento y la actividad del corazón.

- Actividad física. La actividad física es un componente importante del tratamiento. Se recomienda hacer 60 minutos diarios de actividad física moderada de lunes a domingo. Muchos niños disfrutan realizando actividades deportivas con sus padres, amigos o hermanos.

¿Qué es el Índice Glucémico de los alimentos?

El Índice Glucémico (IG) de cada alimento se determina en el laboratorio, pero su interpretación es sencilla: un índice glucémico alto implica que un alimento determinado ocasiona una elevación importante del nivel de azúcar (o glucosa) en la sangre, debido a una rápida absorción de ésta, y un índice bajo implica una elevación leve, y por tanto, una absorción pausada o lenta del azúcar procedente del alimento.

Los alimentos con elevado índice glucémico provocan un aumento tan rápido del nivel de glucosa en la sangre que las células no pueden quemar toda la glucosa y ésta comienza a transformarse en grasa que se almacena en el tejido adiposo. Las reservas de grasa que no se utilizan nos convierten en obesos. Ello se debe a que la situación de azúcar elevado en sangre hace que nuestro cuerpo segregue grandes cantidades de insulina, hormona que induce estos fenómenos.

Ingiriendo alimentos de bajo IG se puede por tanto mejorar la regulación del azúcar en la sangre y contribuir a que el niño pierda peso. A continuación, ofrecemos el IG de algunos de los alimentos más habituales de la dieta.

IG    Alimento

110  Maltosa

100  Glucosa

92  Zanahorias cocidas

87  Miel

80  Puré de patatas instantáneo

80  Maíz en copos

72  Arroz blanco

70  Patatas cocidas

69  Pan blanco

68  Barritas Mars

67  Sémola de trigo

66  Muesli

66  Arroz integral

64  Pasas

62  Plátanos

59  Azúcar blanco (Sacarosa)

59  Maíz dulce

59  Pasteles

51  Guisantes

51  Patatas fritas

51  Boniatos

50  Espaguetti de harina refinada

45  Uvas

42  Pan de centeno integral

42  Espaguetti de trigo integral

40  Naranajas

39  Manzanas

38  Tomates

36  Helados

36  Garbanzos

36  Yogur

34  Leche entera

32  Leche desnatada

29  Judías

29  Lentejas

28  Salchichas

26  Melocotones

26  Pomelo

25  Ciruelas

23  Cerezas

20  Fructosa

15  Soja

13  Cacahuetes

 

Complicaciones

La obesidad infantil tiene a largo plazo muchas consecuencias sobre la salud, como enfermedades cardiovasculares, aparición de ciertos tumores, alteraciones endocrinas y sobrecarga de huesos y articulaciones.

Los expertos advierten que tiene las mismas consecuencias que la obesidad en adultos pero aumentadas: un niño que es obeso desde pequeño va a estar mucho más tiempo sometiendo su organismo a todos los aspectos negativos del sobrepeso, con lo que las complicaciones de la obesidad en la edad adulta aparecerían a edades progresivamente más tempranas.

También se producen manifestaciones psicológicas por falta de aceptación social del niño obeso y baja autoestima.

Prevención de la obesidad infantil

Es posible prevenir la aparición de obesidad infantil si se adoptan las medidas adecuadas:

- promover la lactancia materna durante los primeros seis meses.

- incorporar de forma paulatina y equilibrada los distintos alimentos sólidos, con un aporte controlado de los distintos principios inmediatos.

- establecer una pauta de cinco comidas principales (desayuno-merienda-comida-merienda-cena), sin olvidar la gran importancia del desayuno en la edad escolar y la adolescencia.

- limitar el consumo de bebidas azucaradas y refrescos.

- promover el consumo de verduras, legumbres y fruta.

- limitar la bollería industrial, mantequilllas, pizzas, grasas y redescubrir la dieta mediterránea.

- promocionar el ejercicio físico y el juego al aire libre de todos los niños, independientemente de sus habilidades.

 

Imagen via Shutterstock